

Mediante el litigio pictórico que enfrentan la luz y la oscuridad, se
representa la dualidad entre lo dicho y lo sugerido, lo visto y lo vedado,
lo asumido y lo negado, lo reprimido y lo expresado.
A través del recurso de la repetición de los cuerpos
y del cambio actitudinal, se da paso al interjuego teatral
entre las diferentes dimensiones de la personalidad, del "ego",
desnudando de este modo la alternancia de los estados anímicos.
En una atmósfera de intenso claroscuro, los personajes de la serie
apelan al espectador mediante la mirada, en otras oportunidades
se dejan observar pasivamente, sin siquiera atreverse a ver, a mirar,
invitándonos así a descubrir un discurso más allá de lo evidente,
más allá de "aquella luz que surge luego de la oscuridad".